Suspiria – Dario Argento, 1977

Suspiria – Italia, 1977

Género: Terror (Giallo)

Director: Dario Argento

Guión: Dario Argento, Daria Nicolodi

Intérpretes: Jessica Harper (Suzy), Stefania Casini (Sara), Flavio Bucci (Daniel), Miguel Bosé (Mark), Barbara Magnolfi (Olga), Rudolf Schündler (Prof. Milius)

Música: Goblin

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Dario Argento (* 1940)

Qué decir de Dario Argento, el Hitchcock italiano, el Poe audiovisual. Indiscutible maestro de lo macabro, autor de bellísimas y tenebrosas obras de arte cinematográficas en el pasado, y caído lamentablemente en decadencia. En los últimos años de su carrera ha decepcionado a la mayoría de sus fans, dirigiendo films mediocres y carentes de interés, lo que nos lleva a intuir que la genialidad demostrada en los setenta y ochenta no volverá a repetirse. He visto todas sus películas a excepción de “Il Cartaio” (que obtuvo pésimas críticas) y el mediometraje “Jenifer”. Tras haber revisado la casi totalidad de su filmografía no puedo más que constatar la opinión general, y de su último periodo solo salvaría de la quema a las más arriba comentadas “Non ho sonno” y “La Sindrome di Stendhal”.

“Suspiria” es junto a “Profondo Rosso” (a.k.a. “Deep Red”) la más conocida de sus producciones, y forma parte de la llamada “Trilogía de las Tres Madres”, con la brujería como temática, junto a “Inferno” y la reciente “Mater Lacrimarum” (a.k.a. “Mother of Tears”).

La bailarina neoyorkina Suzy Bannion llega a la Selva Negra para entrar a formar parte de una academia de ballet en Friburgo. Las primeras secuencias son solo un anticipo del apabullante poderío visual que está por ofrecernos el film: Suzy saliendo del aeropuerto, en medio de la nocturna tormenta, entrando en el taxi, desde el cual se ven los densos y tenebrosos bosques; al mismo tiempo que se escuchan los acordes de la portentosa banda sonora compuesta por los Goblin. Cuando la jóven está por entrar a la escuela de baile ve a una chica escapando del edificio. Suzy no puede acceder al interior, pues cuando toca el timbre no le abren y una voz le dice que se aleje. Mientras tanto, la chica que apresuradamente abandonó el recinto (llamada Pat), se dirige a casa de una amiga, a quien en estado de notable nerviosismo pide hospedaje para la noche sin revelar el motivo de su huída ni la identidad de su perseguidor. Una vez sola en la habitación que le ha sido asignada, Pat se asoma a la ventana, temerosa de una presencia que percibe en la estancia, y observa con espanto el brillo de dos siniestros ojos gatunos al otro lado del cristal. Un peludo brazo emerge rompiendo el vídrio y, tomando a la chica de los pelos, le hace atravesar la ventana con la cabeza, de manera que puede asomarse al exterior sin necesidad de abrirla. A continuación, la para nosotros invisible amenaza homicida, apuñala repetidas veces a Pat con la característica elegancia de la estilizada violencia marca Argento. Ésto sucede sobre una cúpula de cristal de llamativos colores. La virulencia del sádico acto es tal, que la cabeza de la muchacha rompe el vídrio y sobresale de forma que puede ser vista por su amiga; que se encuentra en el piso de abajo. El asesino ata una soga al cuello de su víctima, tras lo cual la cúpula se hace añicos y el cadáver ahorcado cae al vacío para quedar colgando sangriento. Trozos de cristales y barras de metal han ido a clavarse en el cuerpo de su amiga, dueña de la casa, que asimismo perece.

A la mañana siguiente, mientras la noticia del crimen se va extendiendo, Suzy vuelve a la academia, donde es aceptada y procede a matricularse. Varios policías se encuentran en el lugar para intentar esclarecer el trágico suceso. La neoyorkina conoce a la severa instructora de baile, Miss Tanner (Alida Valli), y a la directora Madame Blanc. Ambas irradian siniestra frialdad y demuestran una rigurosa devoción por la disciplina. Suzy trabará amistad con Sara, su compañera de habitación, que parece ser la única de la escuela que se llevaba bien con la malograda Pat.

Por la academia pululan excéntricos personajes, como el pianista ciego Daniel, siempre acompañado por su perro lazarillo; obesas y patibularias cocineras de países del este, casi siempre silenciosas; un estrafalario y deforme criado mudo rumano, y el sobrino la directora, inquietante niño vestido como en el siglo XVIII.
Un día, mientras los alumnos realizan sus rutinarios ejercicios de baile, Miss Tanner irrumpe en la sala, roja de ira, interrumpiendo las prácticas. Se dirige en tono feroz al ciego pianista, acusándole de que su perro ha mordido al sobrino de la directora. Daniel reacciona incrédulo, y tras un intercambio de improperios es despedido.
Esa noche, el invidente y su leal can caminan por las desiertas calles de Friburgo, hasta llegar a una plaza donde una intangible presencia, algo maligno en el ambiente, despierta los instintos perrunos del lazarillo empujándole a ladrar impetuosamente. Daniel, alterado, no entiende la razón de tal comportamiento. La tensión es agobiante. En un momento dado, por sorpresa y a traición, el perro embiste a su amo y le muerde el cuello con la voracidad de un lobo enloquecido. Sus afilados colmillos le atraviesan la yugular, y Daniel se desangra mientras el animal masca sus carnes con fruición.
Ésta nueva tragedia conmociona a la escuela de ballet, y Sara, la única de las compañeras con las que Suzy ha hecho cierta amistad, se muestra convencida de que algo más tétrico y oscuro se esconde tras esas muertes. Sara revela a la nueva alumna lo que había descubierto Pat, sus sospechas acerca de que el personal del centro forma parte en realidad de un culto de magia negra en torno a la figura de Mater Suspiriorum, legendaria bruja supuesta fundadora de la academia.
Suzy y Sara se disponen a investigar más profundamente los perturbadores indicios, pero el siniestro elenco escolástico sospecha de sus intenciones…

El éxito de Dario Argento con “Suspiria” fué arrollador. Es la primera de sus películas con trama sobrenatural (hasta la fecha solo había dirigido giallos, suspense a la italiana), y tambien la mejor del género entre su repertorio. A ello contribuyen una fabulosa fotografía, que enfatiza los tonos cromáticos primarios y dota a la cinta de un colorido hipnótico; y obviamente la música de los Goblin, que compusieron una de las mejores bandas sonoras de su carrera (que ya es decir). Las partituras de “Suspiria” fueron supervisadas directamente por el propio Argento. El tema principal está ejecutado con una mandolina griega y los momentos más tensos son acompañados por la rítmica percusión de tambores africanos. Tambien hay insertos de inquietantes susurros y fantasmales voces, lo que confiere a la partitura un atractivo carácter netamente experimental.

Un defecto que debo no obstante resaltar es el falso aspecto de la sangre, que no parece tal sino más bien pintura roja. Podrían haber utilizado sangre real de animales, o en su defecto algún líquido que otorgase mayor credibilidad a las escenas splatter.
Aún así, no cabe duda de que “Suspiria” es una pulida joya del cine de terror europeo, pocas veces el confluir de imagen y sonido logra dar tanto de sí.  De visionado obligatorio no solo para los aficionados al suspense sino para todo aquel que esté dispuesto a sumergirse en la deliciosa exquisitez visual de la macabra magia del maestro Argento.

FHP,2008

Crítica originalmente aparecida en el anterior blog

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